El gigante, despierto

 
  Según especialistas, el volcán Copahue es atravesado por el mismo sistema de fallas que el Chaitén. Incógnitas y certezas sobre el activo macizo neuquino.


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  El departamento de Geología de la UBA es el único que estudia su
actividad, pero no pueden hacerlo en en tiempo real porque los
registros llegan tiempo después por correo postal.

Neuquén > «Se confirmó que hay un un sistema de fallas que separa la corteza en dos y que atraviesa desde el volcán Hudson y el Villarrica hasta el Chaitén y también al Copahue. Y este sistema hace que los bloques se reacomoden en un momento determinado. Se reacomodó algo cercano al Chaitén y por eso hizo erupción. Si bien puede no indicar nada, también podría decirnos algo acerca del Copahue. De hecho, hace poco más de una semana, ni siquiera se sabía que el Chaitén era pliniano, esto es uno de los más explosivos y ácidos. El macizo chileno tiene un 74 por ciento de sílice en las cenizas que caen. El Hudson tenía apenas por encima del 50 por ciento».
La frase, tan clara como reveladora, pertenece a Sergio Matheos, subdirector del Centro de Investigaciones Geológicas de La Plata, dependiente del Conicet.
Dentro de los más importantes volcanes neuquinos (Tromen, Copahue, Lanín y Domuyo), el Copahue es el que mayor actividad presenta, aunque lo extraño es que según especialistas no debería estar en actividad. «El arco volcánico está más al Oeste, a unos 30 kilómetros. El 21 de diciembre de 2006 registramos una gran cantidad de terremotos. Y estaban muy vinculados al Callaqui (N. de la R: de 3.100 metros de altura). Y Copahue entra en una secuencia. Es posible que sea más la actividad del Callaqui que del Copahue. Pero no detectamos ninguna anomalía térmica en el neuquino», aseguró Alberto Caselli (jefe del departamento de Geología de la Universidad de Buenos Aires).
El volcán Copahue tuvo su primera erupción registrada en 1790 y, a partir de allí, tuvo cinco más hasta que en 1992 volvió a registrar actividad. Sin embargo, en pocos años tuvo tres erupciones (1992 y 1995). Y la de 2000 fue la última y la más «fuerte». En aquel momento, el Copahue arrojó cenizas durante el tiempo más prolongado de su historia registrada.
El caso del volcán Lanín es muy particular. El último verano se habló mucho de la aparición de grietas en su cumbre, pero según los especialistas es un fenómeno distinto al que sucede en el arco volcánico. «No hay signos de actividad ni nada. Las grietas tienen más que ver con el calentamiento global que con actividad misma del volcán. El Lanín tiene un magma bastante viscoso que es el que tapó la cumbre y cuya erupción fue hace 2.160 años. Después tuvo otra erupción que generó una escalada de lava fluída sobre los flancos del macizo 1.600 años atrás. Por eso es un volcán activo, pero hoy no hay signos de nada. Nosotros tuvimos problemas con la estación sísmica que instalamos allí y ahora estoy llevando la que reparamos y ver cómo podemos instalarla un poco más cerca del volcán. Es difícil instalar los equipos porque tiene que ser un lugar grande y sin ruido de vegetación. Y al aire libre siempre hay robos. De hecho, en Copahue nos pasó que nos cortaron los cables», explicó Caselli.
Finalmente, el Domuyo es prácticamente desconocido. Tanto que tanto vulcanólogos porteños como otros científicos creen que puede no ser un volcán. «Hace dos o tres años hubo unas explosiones y siempre tenemos gente allá que nos pide que veamos si hay o no actividad. Pero hay muchos que creen que no es un volcán. Lo han estudiado desde el punto de vista geológico, pero vamos a ver que pasa. Pero de alguna manera es la cuenta pendiente. Con las prioridades, el Domuyo siempre queda último. Y no registra antecedentes», explica Caselli.

Problemas
Tras las últimas tres erupciones del Copahue se habló de una palabra clave: «seguimiento». «Salvo por las primeras etapas, después de las erupciones siempre fue difícil. Faltó siempre presupuesto y decisión política. Todos nos acordamos del volcán, de seguimiento y de monitoreo cuando suceden estas cosas. En realidad, en la emergencia no hay que pensar, hay que solucionar», aseguró el vulcanólogo Daniel Del Pinto, que siguió las tres últimas erupciones del Copahue.
«Nosotros estamos estudiando el Copahue y Lanín, pero no monitoreando», aclara Caselli. Y su puntualización en la diferencia de términos se explica en los hechos que él mismo detalla: «Lo que pasa es que nosotros desde 2004 colocamos estaciones sísmicas en el Copahue. Pero estamos a 1600 kilómetros y no tenemos una computadora que nos permita mandar los datos por Internet y revisarlos en tiempo real. La información nos llega tiempo después por correo postal. Para hacer un seguimiento en tiempo real se requiere de inversión. En su momento pedimos una ayuda de seis mil pesos anuales. Es muy poco dinero. Hoy no la tenemos».
Casi como en la estructura de un silogismo válido, las afirmaciones del geólogo desencadan en que, en caso que el Copahue presente algún tipo de anomalía en su funcionamiento, su departamento se enterará tiempo después cuando esos datos le lleguen por correo. El equipo de Caselli es el único que realiza estudios relacionados directamente con las actividades de los volcanes Lanín y Copahue. «El municipio nos ayuda con una persona que se hace cargo de cuidarnos las cosas y bajar los datos (los que se envían por correo postal). Pero necesitamos un apoyo mayor porque nosotros estamos comprando equipos ahora para conectar a los sensores alemanes de 8.000 euros que adquirimos para instalar ahora. Es feo porque somos conscientes de que no podemos dar una respuesta hoy en tiempo real porque no tenemos los medios. En Copahue por ejemplo hay un trabajo de prevención sísmica. Pero lo que hay que aclarar que los terremotos no son la única señal que da un volcán. Entrega otro tipo de señales de muy baja frecuencia a través de los sensores que se ubican muy cerca del volcán. Y ahí es donde hay que interpretar esto. Por ejemplo, si hay presión en el volcán eso va a dar una serie de señales que no son terremotos. Lo que necesitamos es una medición continua, permanente». Pese a todo, en el volcán Copahue hay instalados ocho estaciones sísmicas con doce sensores mientras que Caselli llegará a Copahue en los próximos días para instalar y reinstalar tres con la ayuda del municipio local.
Tanto el municipio local como el Gobierno provincial y el Instituto Nacional de Prevención Sísmica (Inpres) realizan las mediciones a las que hace referencia Caselli, pero que no alcanzarían para alertar ante una posible erupción.
En tanto, el intendente de Caviahue/Copahue, Rigorberto Ramírez, aseguró que se «incrementará el apoyo de la provincia». «Nosotros también queremos que sea un estudio integral, no sólo de Copahue sino también del Domuyo y del Lanín. El Gobierno se comprometió a realizar un apoyo integral. Pero nosotros estamos viviendo en Neuquén, en el tercer mundo y desde aquí se hace difícil a veces muchas cosas. Pronto presentaremos un proyecto como lo tenemos con el Inpres a nivel Internet. No significa que hoy las cosas sean como tiene que ser. Necesitamos un monitoreo», dijo.
Finalmente, Matheos explica que «el monitoreo lo que explica es si hay mayor fusión de gases, si la temperatura cambia y aumenta. La prevención hace que uno esté más alerta. Es inmediato. El sismo en el Chaitén se registró sólo cinco horas antes que la erupción».

Simulacro de evacuación

Será el próximo martes 20 en Caviahue. Es ante una hipotética
erupción el volcán Copahue.

Caviahue > El 20 de mayo se realizará en esta localidad un simulacro de evacuación ante una hipotética erupción del volcán.
Será un megaoperativo del que participará personal del Ejército, Gendarmería, la Policía, así como bomberos, e integrantes de Defensa Civil, Salud y el Municipio. Actuará más de medio centenar de integrantes de diversas instituciones, quienes tendrán a su cargo la evacuación de los 800 habitantes de este lugar.
De acuerdo con el plan diseñado, cada jefe de familia deberá tener preparado un bolso con los elementos de primera necesidad de su grupo y ante el sonido de la alarma que anunciará la emergencia, deberá salir hacia la zona de la costanera, a orillas del lago Caviahue.
Cada manzana tendrá un responsable que controlará la salida de sus vecinos, mientras que en las escuelas los docentes tendrán un rol especial que cumplir para evacuar a los niños y jóvenes.
Grandes y chicos serán transportados en camiones provistos por el Ejército o Gendarmería y partirán hacia la zona de Loncopué.
Se prevé que el simulacro comenzará cerca del mediodía, aunque la hora no será anunciada para que la supuesta emergencia encuentre a los pobladores cumpliendo con su rutina. Los servicios de agua, gas y luz serán cortados y una vez que las viviendas sean desocupadas, serán patrulladas por efectivos de las fuerzas de seguridad.

Organización
El intendente de la localidad, Rigoberto Ramírez, recordó que el último simulacro fue hecho el año pasado, en época invernal, cuando el pueblo estaba cubierto de blanco.
En cuanto a la cantidad de personas que participarán del rescate de los pobladores, Ramírez precisó que «desde las áreas provinciales vendrá alrededor de medio centenar de personas a las que se le sumará el personal municipal».

La última erupción del Copahue

Fue el 2 de julio de 2000 cuando, durante varios días, la erupción del volcán expandió las cenizas hasta Loncopué.

Neuquén > El domingo 2 de julio de 2000, Caviahue/Copahue se autoevacuó ante una nueva y fuerte erupción del volcán. Aquella madrugada, las cenizas que expulsó el macizo formaron una capa de 40 centímetros sobre el metro y medio de nieve que había acumulada en Caviahue.
Durante varios días, el macizo presentó una actividad baja hasta que, finalmente, hizo su última explosión en la madrugada del viernes 7 de julio. Desde allí, se ha mantenido en silencio. Inactivo, por ahora.
A diferencia de las erupciones de 1992 y 1995, en 2000 las cenizas viajaron hasta Loncopué, a 60 kilómetros del macizo. En las anteriores, sólo se había extendido hasta unos 20 kilómetros.
Durante toda la semana, expertos analizaron el comportamiento del volcán mientras denunciaban que el único sismógrafo que había no funcionaba. Mientras tanto, máquinas de la Dirección Provincial de Vialidad transitaban intensamente los 60 kilómetros que unen Loncopué con Caviahue. El impresionante operativo de emergencia que se realizó en medio de un potente viento blanco permitió que lentamente los habitantes pudieran volver a sus hogares.
En ese momento, se habló de la importancia de hacer un seguimiento constante del volcán. Lo pidió la Dirección Provincial de Minería con asiento en Zapala. Lo mismo se había dicho en 1992 y 1995 (las anteriores erupciones del Copahue), cuando se prometió que se realizarían todas las «acciones tendientes a contar con un método de seguimiento basado en la consigna de que los volcanes son educados y avisan con anticipación».

Chaitén: en alerta por sismos

Científicos advirtieron sobre el riesgo de que se produzca una violenta explosión que arrasaría con el pueblo en seis minutos.

Puerto Montt, Chile (dpa) > El Servicio Nacional de Geología y Minería de Chile (Sernageomin) advirtió que la persistencia de una columna de material piroclástico de siete kilómetros de altura y los fuertes sismos registrados ayer mantienen vigente el peligro de un colapso del volcán Chaitén, en erupción desde el 2 de mayo pasado.
El vulcanólogo Luis Lara del Sernageomin informó que tres estaciones sismográficas instaladas en las cercanías del macizo, revelaron fuertes temblores de dos a tres grados en la escala de Mercalli, con epicentro desde cinco hasta diez kilómetros de profundidad. También se detectó la salida de ceniza volcánica, y, según alertó Lara, el escenario de la peor hipótesis «sigue vigente», sin que sea posible descartarlo «hasta que el ciclo eruptivo decline».
«Si en los próximos días viéramos un descenso importante de la columna eruptiva y no se registrara la sismicidad de las características actuales, podríamos pensar en que ya no nos encontramos en la posibilidad de vigencia de ese peor escenario», explicó.
Sin embargo, subrayó que «mientras exista una columna eruptiva activa, el peor escenario sigue vigente». La peor hipótesis apunta a una explosión del material piroclástico que emerja desde el interior, suba y se enfríe hasta 200 y 400 grados Celsius y luego baje rápidamente hacia Chaitén, arrasando con todo en seis minutos.

 

 


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